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Justicia para Thiago: Un Llamado Urgente por un Sistema que Falla

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Justicia para Thiago: Un Llamado Urgente por un Sistema que Falla

Editorial sobre la muerte de Thiago en Misiones y el colapso de un sistema de salud “de cartón pintado”: ambulancias que no llegan, prioridades políticas invertidas, falta total de controles y transparencia, y un Estado que prefiere obras para la foto antes que salvar vidas.

Thiago tenía tres años.

Su vida apenas comenzaba.

Pero el Estado, ese que nos promete seguridad, salud y bienestar, le falló en el momento más crítico.


Falleció porque su reacción alérgica se convirtió en una carrera contra el tiempo que el sistema de salud no supo o no pudo ganar.

Porque la ambulancia que lo trasladaba se detuvo entre 20 y 30 minutos en San José para intentar entubarlo, en lugar de contar con los recursos necesarios desde el primer momento.

Porque al llegar al hospital de Posadas, ya no era el mismo niño que había partido horas antes.

Y minutos después, Thiago dejó este mundo para convertirse en un angelito.

Un angelito que, para el capricho del sistema, será solo un número más entre las pilas y pilas de papeles que hablan de cosas que fallan y que “se tienen que resolver”.


Pero el problema no es solo el hospital de Apóstoles.

Es un Estado que tiene prioridades invertidas.


Control, quizás solo es falta de control.

Porque hoy ni siquiera se sabe con certeza cuántas ambulancias de alta, media y baja complejidad hay en Apóstoles.

Misiones dice que posee 177 ambulancias y 3 helicópteros de uso múltiple, pero ¿cuándo se usaron realmente para salvar la vida de un ciudadano común?

No hay registros de que alguna vez hayan servido para trasladar de urgencia a un trabajador, a un vecino, a un niño.

Pero sí se los usa para ahorrarles tiempo a los políticos y sus familiares.

Porque, al parecer, desde arriba Misiones se ve hermosa y espléndida.


Porque cuando hay una inauguración, ahí están.

Cuando hay cámaras y aplausos, aparecen con sonrisas y discursos.

Pero cuando la tragedia golpea, cuando una familia necesita respuestas, cuando un niño muere por falta de atención, brillan por su ausencia.


Si tan solo dedicaran esos 15 minutos de fotos y de focas aplaudiendo a controlar la calidad sanitaria, la seguridad y la educación… en 50 minutos, con 50 aplaudidores, se haría un relevamiento completo del hospital.

Se verían las fallas, las necesidades, los problemas reales.

Pero para eso no están. Para eso no hay tiempo.

Para eso no reciben el sueldo que todos los meses los pagadores seriales afrontamos con esfuerzo.


Ayer pasé por el hospital.

Caras largas, cansadas, miradas de preocupación.

No pedimos que sea el Ramón Madariaga; pedimos que niños como Thiago no mueran.

Pedimos personal cualificado, presupuesto transparente, acceso a la información.


Pero aquí nada es de fácil acceso.

No sabemos cuánto cuesta, cuánto dura, quiénes son, si hay o no hay.

No hay datos de gastos, no hay rendiciones de cuentas, no hay licitaciones claras.

Pero sí hay prioridades: es más importante embellecer la vereda frente a la municipalidad que la vereda de urgencias del hospital.

Porque esa vereda es un reflejo de todo lo que está mal.

Rota, llena de pozos, intransitable para una persona con muletas o en silla de ruedas o ancianos con bastón.


Una vereda por la que caminan los mismos pacientes que tienen que rogar por atención médica.

Claro, para eso no hay presupuesto.

Pero la plaza en frente de la municipalidad sí está quedando impecable, porque ahí es donde caminan los que no necesitan hacer fila en un hospital público, quizás.


Y mientras tanto, nadie rinde cuentas.

No hay datos detallados sobre cómo y dónde se gasta el dinero que debería garantizar salud, educación y seguridad.

Los informes oficiales muestran números, pero no resultados.

No sabemos si las ambulancias están operativas, si hay médicos suficientes, si los hospitales reciben los recursos que necesitan. No lo sabemos porque el sistema no quiere que lo sepamos.


Thiago murió en una provincia donde la miseria no es casualidad; es el resultado de políticas que castigan el esfuerzo y premian la dependencia.

Donde el dinero que debería garantizar hospitales equipados termina en obras innecesarias, en contratos de amigos, en subsidios para mantener estructuras políticas en lugar de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.


Y mientras la casta política sigue disfrutando de su comodidad, los que pagamos impuestos seguimos poniendo muertos.


Hoy fue Thiago.

¿Quién será el próximo?