Congreso le da aire a Milei: Presupuesto 2026 e “Inocencia Fiscal” para tentar los dólares del colchón
El Presupuesto 2026 avanzó con números de superávit y una inflación proyectada a la baja. Además, la “Inocencia Fiscal” busca sacar ahorros ocultos a la luz sin miedo a la AFIP/ARCA.
El barco libertario consiguió algo que parecía imposible en la Argentina del “no se puede”: un Presupuesto aprobado con rumbo de equilibrio fiscal y una ley pensada para pinchar el globo de miedo que durante décadas empujó a los argentinos a esconder sus ahorros.
Presupuesto 2026: números que marcan el rumbo
Tras la media sanción en Diputados y la aprobación en la Cámara alta, el Presupuesto 2026 se convirtió en un hito político para la gestión de Javier Milei: es el primer presupuesto completo votado en su mandato, luego de un período en el que el país vivió con prórrogas y parches.
Los números centrales que se pusieron sobre la mesa:
- Gasto: 148 billones de pesos.
- Crecimiento estimado: 5%.
- Inflación proyectada: 10,1%.
- Meta fiscal: superávit primario del 1,2% del PBI.
En Diputados, la votación general mostró el nuevo mapa de poder: el proyecto avanzó con 132 votos afirmativos, 97 negativos y 19 abstenciones. El capítulo que buscaba derogar normas vinculadas a universidades y discapacidad no prosperó, dejando claro algo básico: la gobernabilidad se gana negociando, pero el timón no se entrega.
“Inocencia Fiscal”: el Estado baja el arma… al menos un poco
En paralelo, se aprobó la llamada Ley de Inocencia Fiscal, una señal directa al ciudadano que aprendió a desconfiar del Estado por experiencia propia. La lógica es simple: elevar umbrales y limitar la persecución automática para que parte del ahorro informal vuelva a circular en la economía real.
Desde una mirada libertaria, el concepto tiene una virtud clara: reconoce que el problema de fondo fue el abuso del Leviatán, que trató al contribuyente como sospechoso permanente y convirtió a la burocracia tributaria en un sistema de castigo.
Lo que sigue: reformas y señales al mundo real
El desafío ahora es doble: sostener el “cero déficit” sin caer en maquillajes contables y, sobre todo, dar previsibilidad. Porque la inversión (local y extranjera) no se enamora de discursos: se enamora de reglas claras, propiedad privada y un Estado que no cambie el contrato a mitad del viaje.
Si el Congreso ya le abrió la compuerta al Presupuesto, el próximo capítulo es más áspero: reformas estructurales (laboral, tributaria, Estado) y el choque inevitable con quienes viven de la política como si fuera un salario vitalicio.